Bulimia Nerviosa

Es un trastorno alimentario por el cual una persona tiene episodios regulares de comer una gran cantidad de alimento (atracones) durante los cuales siente una pérdida de control sobre la comida. La persona utiliza luego diversas formas, tales como vomitar o consumir laxantes (purgarse), para evitar el aumento de peso.

Habitualmente, la bulimia nerviosa se inicia  reduciendo la cantidad de comida ingerida o eliminando determinados alimentos de la dieta habitual, pero en lugar de continuar con un ayuno mantenido, las/los pacientes comienzan a darse atracones y presentan conductas purgativas o compensatorias.

Parece que cinco de cada cien mujeres padecerían bulimia nerviosa en los países occidentales, y ya hay numerosos varones que presentan atracones a consecuencia de la manipulación de su alimentación para obtener unos resultados físicos determinados. El reconocimiento de las personas con bulimia nerviosa no se puede fundamentar en el peso como sucede con las que padecen anorexia ya que su peso puede estar incrementado, reducido o ser el adecuado respecto del idóneo para su edad, talla y sexo.


Como norma general puede decirse que la comida realizada por el/la paciente delante de otros suele ser normal e incluso abundante, aunque algunos días ayune o realice una dieta muy restrictiva. Se puede observar una conducta alimentaria normal o en exceso delante de otras personas, pero de forma secreta hay una conducta de comida excesiva, que realiza a escondidas.

Los atracones se producen para calmar una emoción que resulta desagradable y difícil de gestionar, por ello es muy importante que el paciente que manifiesta estos síntomas, aprenda a conocer su mundo interior y calmarse en aquellos momentos donde la crítica, la culpa, la frustración, etc, desata fuertes emociones, ya que es la forma de que aprendan a controlarlo y apaciguarlo sin necesidad de acudir a la comida como medio para tranquilizarse, ya que sus repercusiones a nivel físico y emocional perpetúan el trastorno.

Pueden presentarse atracones con una frecuencia de varias veces al día durante muchos meses. La persona a menudo come grandes cantidades de alimentos ricos en calorías, normalmente en secreto. Durante estos episodios, la persona siente una falta de control sobre su alimentación. Después puede producirse la purga que trae una sensación de alivio.

El Trastorno por Bulimia Nerviosa tiene grandes semejanzas y rasgos propios de las adicciones, dado que conducen a estados de placer y sentimientos agradables y reconfortantes que actúan como elementos reforzantes de nuevos episodios, generándose un estado de craving o deseo que es colmado con la ingesta alimentaria. Por ello, la bulimia ha sido comparada con las adicciones a otras sustancias o conductas (juego, compras compulsivas). 

Cuando el ciclo atracón-purga se establece y estas conductas aparecen con frecuencia, su vida diaria es condicionada en torno a la comida. Y, a pesar de la imagen que pretenden transmitir es muy probable que se sientan solos/as y atemorizados/as ante la posibilidad de que “su secreto” sea revelado. Finalmente, relacionarse de forma impulsiva con la comida, acompañada de sentimientos de pérdida de control, se asocia a un sentimiento de desamparo, de insuficiencia para gobernar la propia vida, que conducen, en la mayoría de estas personas, a la depresión.

Cuando el trastorno avanza, un examen físico podría mostrar:

 

Caries dental o infecciones en las encías (el esmalte de los dientes puede estar erosionado o picado por la excesiva exposición al ácido del vómito), vasos sanguíneos rotos en los ojos (por el esfuerzo al vomitar), boca seca, apariencia similar a una bolsa en las mejillas, y salpullidos y granos, pequeñas cortaduras y callosidades a través de las puntas de las articulaciones de los dedos debido al vómito autoinducido. Los exámenes de sangre pueden mostrar un desequilibrio electrolítico (como un bajo nivel de potasio) o deshidratación.